Trataré de resumir en estas palabras, lo que en el último año he logrado traer de la teoría del liderazgo a la vida práctica y real sobre cómo se trazan las líneas para que un equipo actúe eficazmente.
Un día solté el trabajo que había soñado. Dirigía el equipo de redacción internacional de un importante noticiero nacional en Colombia. Lo hice buscando otro sueño, poner en práctica todo lo que había aprendido en el periodismo, en la televisión, en la radio, en la prensa, liderando equipos de trabajo y juntarlo todo con un nuevo conjunto de herramientas que adquirí como especialista en gestión estratégica de la comunicación.
Líderes conocí muchos. A todos los recuerdo y de todos aprendí pero cuando le dije adiós a mi vida pasada y a ser la cabeza de un equipo de trabajo maravilloso, nadie me dijo que ese día tenía que convertirme en mi propia líder.
Lo mejor que me ha pasado en esa autoconstrucción, aunque no me lo crean, ha sido encontrarme con líderes que creen que el liderazgo lo hace su cargo, su uniforme o incluso su título. Y así como de los buenos y maravillosos líderes que tuve aprendí, estos otros en particular me dan la posibilidad de contarles cómo identificar un líder negativo.
Primer rasgo, un líder no se debe poner en competencia con su equipo, no se vale de estrategias ocultas para atacar a los miembros de su oficina, le teme a que alguien lo supere o no lo deja crecer, abusa del poder que se le haya dado, minimiza o invisibiliza los logros de los demás, maneja un doble discurso para dividir a su favor y confundir. Monopoliza la información, en vez de articular, impulsar, analizar y ensamblar el talento que tiene a cargo lo que hace es fragmentar a su equipo, entre otros rasgos.
De ambos tipos de líder se van a encontrar todo el tiempo, en mi caso eso y mis vivencias me han ayudado a alimentar una nueva filosofía acerca del liderazgo en la que he establecido los siguientes pilares:
El pilar de los dones: cada persona tiene un don y cuando en un equipo es evidente el don o el talento de algún integrante hay que dejar que brille, porque su brillo estimula e inspira.
El pilar del valor humano: porque ese es el que siempre le va a recordar al líder que su posición de poder y privilegio no debe ser usada para irrespetar, agredir, vulnerar y menospreciar. Un equipo que se siente cuidado, creeanme, rinde más.
El pilar del lenguaje: las palabras deben construir, la capacidad de expresión siempre deben ser usadas para edificar, agradecer, bendecir e instruir.
El pilar de la iniciativa: el líder no solo traza el rumbo, se involucra, da el primer paso y está presente.
El pilar de la conexión: es como ese magnetismo que genera cercanía y confianza y cuyos efectos se evidencian en la lealtad de cada uno de los integrantes de su equipo.
Hoy veo la necesidad de aportar desde mi experiencia en este aspecto para ayudarte a identificar bajo qué liderazgo estas, porque te estas dando cuenta del verdadero rostro de tu líder, pero sobre todo porque el mal liderazgo se debe contrarrestar con una fuerza equivalente y lo primero es buscar esa fuerza en tu interior que te saca del montón y te promueve a ver tus propios escenarios, tus propias capacidades, tus propias metas.
Encontrar esa fuerza, autopercibirme, valorarme y expresarme fue un proceso que tomó tiempo y trabajo, y por eso quiero compartirla contigo, porque un día ese espíritu que tienes dentro sale, se revela y ese día las cosas comienzan a cambiar.
